MEDIOMETRISMO: SURF EN LA COSTA CENTRAL CATALANA

Un relato gráfico y comentado sobre olas pequeñas, swells escasos y gente que hace del medio metro una forma de vida. Algunos, hasta lo convierten en una forma de expresión personal.

Y es que en realidad, si de lo que se trata es de disfrutar de la vida y el mar... ¿para qué necesitamos más tamaño?
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jueves, 25 de septiembre de 2008

MANIOBRAS LOCALES (III): el "pato con arrastre y recogida"

Con un 80% de nuestros nuevos surfistas siendo al surf lo que los domingueros a la conducción o José Luis Garci al buen cine -no se me enfade nadie, todos hemos sido novatos- el mediometrismo mediterráneo da para anécdotas varias.

Anécdotas, por cierto, cuyos protagonistas no siempre pueden ampararse en el desconocimiento o la falta de práctica ya que, siendo cierto que hace años no había referentes ni gente de la cual aprender, hoy se ve suficiente nivel en el agua, hay internet y existen surfers educados y amables –en serio, hay algunos- a los que preguntar antes de refugiarse en el manido “es que no sabía que...”.

En fin, que la nostalgia barcelonetera del post anterior me ha recordado un curioso hecho del que fui co-protagonista allí tiempo ha y que ilustra un vicio demasiado habitual por aquí para pasar las espumas: el pato con arrastre y recogida.









Aquí una buena técnica de pato en un pico crowded (foto: flickr.com/cruadin)

Es decir, el surfer hace el pato, pero sin la tabla, que queda a merced de la espuma y es recuperada después, preferentemente tirando del invento como quien saca agua del cubo de un pozo.

Lástima que alguno de sus practicantes se olvide de que el invento puede llegar casi a los tres metros, en el caso de los tablones. Y claro, en días pequeños no pasa nada, pero en días serios es otra cosa y se convierte en una actitud peligrosa.

Esto viene a cuento de una vez que estaba remontando en una Barceloneta grande y cerrona –o sea, una Barceloneta típica- cuando aprecié que uno que remontaba delante parecía tener ciertas dificultades técnicas. No me había dado tiempo de desviarme para evitar quedar justo y peligrosamente detrás suyo cuando -como no podía ser de otra forma, querido Murphy- se levanta el olón del día. En estas que cuando le toca pasarla, el buen hombre va y -sin siquiera mirar atrás- suelta la tabla y se sumerge en perfecto pato. Sin tabla. No me vino del todo de sorpresa, pero el acojone fue serio: solté a mi vez mi tablón (con la diferencia de que yo ya sabía que no tenía a nadie detrás), me sumergí como pude con las manos protegiéndome la cabeza y pasé un par o tres de segundos tensos esperando a ver dónde me daba el golpe y si una quilla me afeitaba la oreja derecha o la izquierda.

















Aquí la misma técnica de la primera foto en versión mediterránea, aplicada literalmente.
También se la conoce como "variante del pato rígido" (Fotos de Jordi en surfbcn.com)

Por suerte, no ocurrió nada. Pero lo mejor vino cuando, al salir y recolocarme, le digo al hombre, (con no demasiado mal tono, sino más bien pedagógicamente)
-
“Oye, ¡ten un poco de cuidado!” (También puede ser que le dijera que si no sabía remontar no se metiera en días grandes, pero en tal caso sería igualmente de forma educada... :0).

Lo mejor fue la respuesta, que esa sí que no se me ha olvidado: el hombre encima se ofende y todo indignado me suelta:

- “¿¡Qué pasa, es que tú no sueltas la tabla para pasar las espumas?!”

(Momento de reflexión y asombrado silencio....)

¿Ein? Hombre, pues no, la verdad. O al menos intento no hacerlo... a menos que la fuerza de la espuma me la quite de las manos desde que me ha dado por pasarlas por encima a lo longboarder pro, que uno se va haciendo mayor y los hombros no son lo que eran.

Pero, en vista de la respuesta, adopté un gesto resignado, me imbuí de actitud zen y continué remontando sin más comentarios, ya que estaba claro que me encontraba inmerso en una situación en la que aplicar la gran enseñanza que mi padre nos dejó a mi hérmano y a mí: “Vale más callar” (bueno, al principio decía “vale más quedar callao”, que para eso era gallego).

Y me callé. O me quedé callao, como prefieran.

Y aprendí otra valiosa lección: nadie nace enseñado, pero sólo se puede enseñar al que tiene ganas de aprender.

Lección, por otro lado, que como casi todas las que he aprendido no parece haberme servido de demasiado en la vida...

Aún hoy es muy frecuente -incluso más que antes, diría- observar ese bonito tipo de pato en nuestras playas, aunque quiero creer que no es por dejadez sino por falta de práctica. Así que ya lo saben, cuando esté la cosa un poco grande, hagan como decía el Capitán Furillo en "Hill Street blues" ("Canción triste de Hill Street"): tengan cuidado ahí afuera.

Ah, en previsión de posibles mensajes indignados, que sí, que vale, que todos lo hemos hecho alguna vez, por cansancio o lo que sea, yo el primero... pero recuerden que NO SE DEBE HACER y que si lo hacen siempre hay que mirar antes hacia atrás. Y recuerden también que este blog tiene mucho más de coña y menos de crítica seria de lo que pueda parecer.

lunes, 28 de julio de 2008

MANIOBRAS LOCALES (II): el "quasi-hang five"

El nombre -en su acepción mediterránea- de esta maniobra es debido a las aportaciones surfísticas de Josep Casas (ver el primer archivo del blog), después de describirnos en los últimos años una y otra vez sus presuntos hang five sin que consiguiéramos verlos ni disponer de testimonios gráficos de los mismos. Más allá de los verbales de su compañera que, por supuesto, no nos parecían en absoluto de fiar. Finalmente, no sin arduas horas de observación con paciencia ornitológica, se pudo constatar que la gran mayoría de las veces (por no decir todas...:0)), en los intentos se echaba en falta el componente hang de la cosa. Es decir, que se estaba cerca, pero allí no colgaba nada, excepto cuando era verano y el bañador ancho.

Visto lo cual, se decidió que, como es buen chaval y esforzado tablonero, la cercanía cada vez mayor a la punta de la tabla -en lo que él llamaba "aproximaciones al nose"- y el mérito del intento continuado eran suficiente rédito como para no dejar los intentos en simple y vulgarizado noseriding; y así quedó bautizado el quasi-hang five. Consistente, como fácilmente habrán colegido, en estar a punto de hacer un hang five pero no avanzar esos centímetros definitivos por temor a la quasi-segura clavada de punta y consiguiente caída tonta para regocijo de los siempre crueles amigos presentes en el pico.

Claro está -no sobra recordarlo- que en los sesenta, en la época de los pioneros, el noseriding simplón -a medio metro de la punta- era una de las maniobras reina y sus practicantes eran agasajados y admirados por ella. Pero ya no estamos en los sesenta, como bien sabe Bob Dylan, y dado que los tiempos y los materiales adelantan que es una barbaridad, hoy en día no eres nadie en esto de la tabla larga si no sólo no dejas los deditos colgando del todo sino que además lo adornas mediante una patada tipo pollo de cigüeña karateka (como Beau Young) o gesto similar.

Pero como las olas de aquí son las que son –que el mediometrismo mediterráneo no va a tener sólo cosas buenas- resulta que muy a menudo no les sale de la espuma tener la forma adecuada o el agarre suficiente para aguantar bien el peso en la punta del tablón, con lo cual el quasi-hang five se ha convertido en una de las maniobras estelares (50% por incapacidad nuestra – 50% por falta de nivel de las olas) del mundo tablonero local. Todos lo practicamos con delectación; y el tablonero que lo niegue, miente bellaquilmente. A menos que se refiera a que ni siquiera se mueve del centro del tablón, que de esos haberlos hay y en abundancia.

A efectos gráficos, acompaño tres magníficos ejemplos de como NO se llega a la punta aunque intentes disimular, perpetrados en primera persona y para mi verguenza inmortalizados durante el último campeonato de longboard de Sitges. Y luego me pregunto que cómo no llegué ni a semifinales... :0) La que aparece debajo de estas líneas es especialmente patética en su mindundez e indefinición...

Otro día estudiaremos la “variable Luca Cerutti” -a medio camino entre el quasi-hang five y el antiguo cheater five californiano-, consistente en agacharse a media tabla y, aprovechando que uno mide 1’93, estirar la pata hacia delante y asegurar que estás noserideando. En cuanto encuentre una foto la documento para la posteridad, que merece la pena.

Y, lo dicho, en cuanto vuelvan las olas, volverán las oscuras golondrinas en su balcón los huevos a posar y las fotos de cosecha propia las acompañarán.