Anécdotas, por cierto, cuyos protagonistas no siempre pueden ampararse en el desconocimiento o la falta de práctica ya que, siendo cierto que hace años no había referentes ni gente de la cual aprender, hoy se ve suficiente nivel en el agua, hay internet y existen surfers educados y amables –en serio, hay algunos- a los que preguntar antes de refugiarse en el manido “es que no sabía que...”.
En fin, que la nostalgia barcelonetera del post anterior me ha recordado un curioso hecho del que fui co-protagonista allí tiempo ha y que ilustra un vicio demasiado habitual por aquí para pasar las espumas: el pato con arrastre y recogida.
Es decir, el surfer hace el pato, pero sin la tabla, que queda a merced de la espuma y es recuperada después, preferentemente tirando del invento como quien saca agua del cubo de un pozo.
Lástima que alguno de sus practicantes se olvide de que el invento puede llegar casi a los tres metros, en el caso de los tablones. Y claro, en días pequeños no pasa nada, pero en días serios es otra cosa y se convierte en una actitud peligrosa.
Esto viene a cuento de una vez que estaba remontando en una Barceloneta grande y cerrona –o sea, una Barceloneta típica- cuando aprecié que uno que remontaba delante parecía tener ciertas dificultades técnicas. No me había dado tiempo de desviarme para evitar quedar justo y peligrosamente detrás suyo cuando -como no podía ser de otra forma, querido Murphy- se levanta el olón del día. En estas que cuando le toca pasarla, el buen hombre va y -sin siquiera mirar atrás- suelta la tabla y se sumerge en perfecto pato. Sin tabla. No me vino del todo de sorpresa, pero el acojone fue serio: solté a mi vez mi tablón (con la diferencia de que yo ya sabía que no tenía a nadie detrás), me sumergí como pude con las manos protegiéndome la cabeza y pasé un par o tres de segundos tensos esperando a ver dónde me daba el golpe y si una quilla me afeitaba la oreja derecha o la izquierda.
Aquí la misma técnica de la primera foto en versión mediterránea, aplicada literalmente.
También se la conoce como "variante del pato rígido" (Fotos de Jordi en surfbcn.com)
- “Oye, ¡ten un poco de cuidado!” (También puede ser que le dijera que si no sabía remontar no se metiera en días grandes, pero en tal caso sería igualmente de forma educada... :0).
Lo mejor fue la respuesta, que esa sí que no se me ha olvidado: el hombre encima se ofende y todo indignado me suelta:
- “¿¡Qué pasa, es que tú no sueltas la tabla para pasar las espumas?!”
(Momento de reflexión y asombrado silencio....)
¿Ein? Hombre, pues no, la verdad. O al menos intento no hacerlo... a menos que la fuerza de la espuma me la quite de las manos desde que me ha dado por pasarlas por encima a lo longboarder pro, que uno se va haciendo mayor y los hombros no son lo que eran.
Pero, en vista de la respuesta, adopté un gesto resignado, me imbuí de actitud zen y continué remontando sin más comentarios, ya que estaba claro que me encontraba inmerso en una situación en la que aplicar la gran enseñanza que mi padre nos dejó a mi hérmano y a mí: “Vale más callar” (bueno, al principio decía “vale más quedar callao”, que para eso era gallego).
Y me callé. O me quedé callao, como prefieran.
Y aprendí otra valiosa lección: nadie nace enseñado, pero sólo se puede enseñar al que tiene ganas de aprender.
Lección, por otro lado, que como casi todas las que he aprendido no parece haberme servido de demasiado en la vida...
Aún hoy es muy frecuente -incluso más que antes, diría- observar ese bonito tipo de pato en nuestras playas, aunque quiero creer que no es por dejadez sino por falta de práctica. Así que ya lo saben, cuando esté la cosa un poco grande, hagan como decía el Capitán Furillo en "Hill Street blues" ("Canción triste de Hill Street"): tengan cuidado ahí afuera.





