MEDIOMETRISMO: SURF EN LA COSTA CENTRAL CATALANA

Un relato gráfico y comentado sobre olas pequeñas, swells escasos y gente que hace del medio metro una forma de vida. Algunos, hasta lo convierten en una forma de expresión personal.

Y es que en realidad, si de lo que se trata es de disfrutar de la vida y el mar... ¿para qué necesitamos más tamaño?

martes, 29 de septiembre de 2009

CINCO O SEIS VECES MEDIOMETRISMO

Lo reconozco. Perdóname, Gran Kahuna, porque he pecado. A mí antes me gustaban las olas grandes. Y no sólo eso, sino que incluso disfrutaba de las orilleras generosas y cerronas, como aquellas de los veranos en Lacanau-Ocean, estampándome una y otra vez contra la arena por intentar surfear aquello con long, mientras algunos shortboarders nos miraban como si fuéramos un poco raros...


Andrea Ceruti: si hay que tirarse, se tira uno... (Fotógrafo desconocido)

Los caminos hasta encontrar la Gran Verdad del Medio Metro y la Iluminación del Glassy Estomacal -olas que llegan al estómago, entendámonos- se transitan por curvas, desvíos y trazos serpenteantes. Y se detienen en bastantes estaciones. Una de ellas, que creo que no olvidaremos los afortunados que pudimos estar allí, fue El Temporal. No hace falta decir más. Cualquiera que surfeara por aquella época sabe que ese calificativo se reserva para el día 11 del 11 del 2001, el día que el Mediterráneo de poco se nos lleva de verdad, y no como esas tormentitas que arramblan con tres cubitos de arena para desespero de actuales ayuntamientos megasostenibles y carreras para ver quien lo tiene más grande. El espigón.


Servidor de Vdes. en una de las pequeñas, a punto de que un sensual labio me besara la cabeza poco cariñosamente... (Foto: Marc Gassó)

Como imagino que habrá varios lectores de este blog que no las habrán visto (aunque algunas aparecieron en revistas de surf en unos años en que aún no se le prestaba al Medi -perdón, quiero decir al mercado del Medi- la atención que hoy se le otorga) creo que es un buen momento para recuperarlas. Surf casi vintage. Surf grande -hombre, no es Belharra pero recuerden que hablamos del Masnou, 15 km. al norte de Barcelona, no se me embalen-, surf que no ha vuelto desde entonces y algunos de los que hemos mejorado ligeramente nuestro nivel desde aquel día seguimos esperando que se repita. Sin éxito hasta el momento. La Tormenta Mediterránea Perfecta, como dijeron los meteorólogos de TV3.


Luca, con un par. Quién le ha visto y quién le ve (no hace ni dos semanas me decía "hace al menos un año que no surfeo una ola de verdad")... :0))). ( Fotografo desconocido).

La calidad de las imágenes deja mucho que desear. Aún no estaba popularizado el uso de las digitales, ni de las digitales de bolsillo. Pero creo que su valor histórico y documental justifica que reaparezcan aquí.


Surfer y fotógrafos desconocidos, pero seguro que al menos el primero se acuerda bien de la ola.

Y, sobre todo, lo justifica el que para poder llegar a disfrutar el mediometrismo hay que haberse hostiado alguna vez en algo parecido a eso. Así ya sabes lo que es y no lo echas necesariamente de menos. Aunque haya sesiones y tiempo para todo.

Aprovecho, años después, para agradecer a Luca Ceruti la quilla que me dejó aquel día; sin aquel cacho de plástico de 10" entre los estabilizadores no creo que hubiera acabado con éxito la sesión. Porque lo que era innegociable es que yo entraba con tablón... Fundamentalista que era uno.

Por la parte que me toca, después de que se me pasara el cabreo por haberme perdido al menos un metro de tamaño por llegar tarde -ya cerca de la una después de husmear infructuosamente por las impracticables playas del sur de Barcelona- surfeé siete olas, de las cuales acabé bien -para mi nivel de entonces- cuatro, dos bastante indignamente y una última -la que aparece más arriba en este post como una aparente entrada a tubo- me dió un viaje con el labio en la cabeza que me tuvo haciendo la lavadora 30 segundos.


Otra vez el que esto les escribe, al final de una y malinterprentando aquello de flexionar las rodillas como "dejando caer el culo". (Foto: Marc Gassó)

Lo que también me costará de olvidar es la sensación de opresión en el cuello -como si tuviera allí las partes bajas, mismamente- al acceder cada vez al pico desde el espigón del interior del puerto. Y es que no estamos acostumbrados a estas cosas. Eso sí, ese día, saturación poquita. Las fotos no hacen justicia. No sólo eran grandes, sino que tenían una fuerza impensable en olas de por aquí.

Bien, aunque ya apenas nadie se cree -para nuestra desgracia, a veces- aquello de que en el Mediterráneo no hay olas, sirva este recuerdo documental para que se sepa también que las hay grandes, aunque sea muy de vez en cuando.


Los hermanos Ceruti preguntándose uno al otro que **** hacían allí dentro. (Fotógrafo desconocido).

Y bueno, yo acabo con la confesión: sigo metiéndome en Ghetary cuando lo encuentro funcionando grandecito -sin pasarse- en mis viajes a Francia. Pero que conste que es sólo, exclusiva y únicamente para poder gozar más y comprender mejor el mediometrismo a la vuelta... :0).

viernes, 25 de septiembre de 2009

VAMOS VOLVIENDO...

Ahora que todo va volviendo poco a poco a la normalidad y parece que las olas quieren visitarnos con más frecuencia -aunque con la calidad mediocre de siempre- voy a ver si consigo darle a este blog una asiduidad más regular.

Mientras me pongo otra vez las pilas y se me ocurre de qué reflexionar en este reconcentrado mundo del sur contemporáneo, os dejo unas imágenes locales, que no hay que olvidar que este blog iba de surf en la costa central catalana. Que blogs que hablan de surf en general -y hasta "piensan" de surf- hay muchos y mejores, así que en este más vale actuar localmente para darle algún valor distintivo.

La primera foto, evidentemente photoshopeada por el autor -no hacía falta decirlo pero ya se sabe, igual aún habrá alguien que crea que a la playa del Prat llega el tren y que hace años que no arreglan la estación- corresponde a una wahine local de nombre... Oigan , se lo preguntan cuando la vean si quieren saberlo, sólo faltaría... Que este blog está sometido a la Ley de Protección de Datos Personales. Lo dicho, una no tan new girl in school cuya constancia y facilidad tablonera -y su 1,80, también- la harán pronto muy visible en los picos al sur de Barcelona. Hace un par de semanas nos acompañó a probar el stand up paddle y a las tres paladas ya estaba girando el artefacto pivotando sobre la cola y dejándonos a los demás en evidencia. Atentos a sus pantallas longboarderas femeninas en unos meses, si continua su progresión y dedicación.



La segunda es un tanto egocéntrica. Una bonita historia de una foto (aunque no de ésta, sino de la siguiente de la serie, hecha supongo que apenas un segundo después) que hoy adorna una pared de mi casa en formato gigante. Vale, igual hace pedante colgarse en casa fotos de uno mismo, pero es que esa la veo en poster en una tienda de longboard del surf de California y me la hubiera quedado lo mismo. Además, no se me ve la cara. Decidí ampliarla y enmarcarla por la tranquilidad que transmite, por la evidente esencia mediometrista que define y porque, cuando ya no pueda aguantarme los esfínteres y esté en una silla de ruedas -que lo estaré un día u otro, conozco mis rodillas- podré seguir mirándola y recordando por qué solía dejarlo todo siempre que podía para meterme en el agua. Ah, y podré probar que al menos al crosstepping llegaba, si me sale algún descendiente longboarder y contestatario... :0) Bueno, cualquiera que haga surf, sobre todo en tabla larga, ya me entenderá: vamos siempre en busca de instantes como ése. Soledad, pausa, un atardecer dorado y una olita post-veraniega sólo para tí. Seis meses tardé, gracias a Didac de Montjuich Surfboards, en enterarme de que alguien -Marc Durà- me había hecho esa foto y otros tantos en localizarle a él y que me la encontrara en su abarrotado disco duro. Así que merecía el lugar que hoy ocupa.



Y la tercera es de la semana pasada, de la primera sesión de la temporada y, al contrario que la anterior, desmitificadora. Esta claro que la antropometría es importante en el surf. O como se le llame a la constitución física particular de cada uno. Ya puedes ir relajado sobre el tablón, ya puedes ir suelto, que si has nacido con el culo salido y la espalda arqueada hacia adelante, la composición estética nunca va a dar aquella sensación de fluidez que dan otros longboarders (independientemente de su nivel, no tiene nada que ver). En fin, como todo, culpa de mi padre y de mi madre, que diría Sigmund Freud.

(Foto: David Walton)

Y si me quito la manía de levantar las manitas, tampoco pasaría nada.

lunes, 7 de septiembre de 2009

LIVING ON THE OTHER SIDE

Aunque a la revista Glide no le parezca bien –o al menos así constaba en un tristemente notorio artículo en que se acusaba de posers a los surfers mediterráneos por pasarse los veranos en lugares con olas, como si fueran “surfers de verdad”, pobrecitos ingenuos ellos- a mí me sigue apeteciendo utilizar las vacaciones para imaginarme como puede sentirse en el día a día alguien que tiene las olas en la puerta de su casa y a disposición continua.



Así que, sin irme demasiado lejos ni buscar excesiva aventura, que uno ya está demasiado bien acostumbrado para dormir según dónde, cargué a la familia en la furgoneta y nos pasamos 30 días al borde de diversas playas. De esos 30 días, surfeé 28. De los dos que no, uno me lo tomé de descanso y el otro me lo pasé mirando como Pepe Hevia, el organizador del Salinas Longboard Festival, intentaba que pareciera que el Mongol (en Gijón) guarro, gris y lluvioso era una opción vàlida para surfear el día. No me convenció, así que me dediqué a mirar... Por cierto, que ese día me sirvió para conocer la existencia del “humor astur”; pensaba que su único representante era Henry Felgueroso, pero saber que a esa conocida ola le llaman El Mongol por estar delante de un centro de tratamiento para discapacitados psíquicos hace suponer que la cosa viene de antiguo...



En fin, que una vez regresado de semejante festín de olas, me encuentro en el mismo páramo de siempre; anclado en un lugar lleno de gente desesperada en el que no entra una ola desde principios de julio. Tal y como suena: muchos surfers que no han podido salir de aquí en verano están empezando a colapsar las urgencias psiquiátricas de la sanidad pública catalana, atacados por un síndrome de abstinencia desbocado.






A mí se me ha juntado el síndrome depresivo postvacacional con el de abstinencia. Y es que pasar otra vez de ser surfer full-time (mediocre, si quieren, pero surfer al fin y al cabo) a puto trabajador de despacho es duro, oigan. Y en eso estaba yo sufriendo y pensando cuando el sábado por la tarde me pareció ver en una web cam que entraban unas miserables espumillas por la zona del Maresme. Allí que me fuí, desesperado y sin expectativas ningunas, como el yonqui terminal que se chuta polvo de tiza para engañar al cuerpo (salvando las distancias, que la comparación puede parecer un poco exagerada). Me acabé metiendo un buen rato y, según cómo, hasta se le podrían llamar olas a aquello que surfeé.



Cuando volvía, a eso de las 8 de la tarde, con la puesta de sol enfrente y la música de los Donkeys sonando (perfecta para vídeos de longboard, descúbranla ya; prueben a mirar las fotos de olas de este post,con la canción de aquí abajo sonando...) estaba completamente relajado y tranquilo, así que no tuve más remedio que asumirlo una vez más: ni surfer ni trabajador ni nada, yo lo que soy es un puto mediometrista mediterráneo y este lugar es a la vez mi destino y mi prisión.





Qué le vamos a hacer... Pasemos el trago con unas fotillos hechas desde la terraza del apartamento en el que estaba en Asturias, aunque intentaré resistir la lastimosa comparación con la vista de la terraza de mi casa de todos los días...